Hace un tiempo salió un interesante artículo en la revista National Geographic que hablaba de la primera expedición en alcanzar el Polo Sur.
La competición por llegar primero se disputaba entre los exploradores Roald Amundsen, noruego, y Robert Falcon Scott, nacido en Plymouth, Inglaterra.
La gran diferencia estratégica entre ambas expediciones fue que Amundsen basó su transporte exclusivamente en trineos con perros groenlandeses, mientras que Robert Falcon Scott contó con el uso de caballos mongoles.
Amundsen decidió sacrificar varios perros antes de llegar al polo y almacenar la carne para el regreso; esta estrategia le permitió aminorar el peso del alimento de los perros y asegurar la alimentación de los animales supervivientes en el viaje de vuelta. Los caballos de Scott tenían que cargar sacos con avena para su alimentación, lo cual aumentaba su peso y sus posibilidades de hundirse en la nieve. Otra desventaja es que a los caballos el sudor se les congelaba en la piel mientras que los perros regulan su temperatura sin sudor.
Todos los caballos de Scott murieron y el equipo tuvo que valerse de su propia fuerza. Además, Scott agregó en el último momento un miembro extra en el equipo, lo que motivó un desajuste en las raciones alimenticias. Mientras que Amundsen realizó un viaje eficaz y sin grandes contratiempos, Scott llegó con graves penurias al polo, encontró la tienda de Amundsen, y tanto él como su equipo fallecieron durante el viaje de regreso debido a su falta de preparación, ropa inadecuada y ausencia de víveres suficientes.
La expedición dirigida por el explorador noruego de las regiones polares Roald Amundsen finalmente llegó a su meta el 14 de Diciembre de 1911.
En 2005, Ronnie Smith, coronel de la Fuerza Aérea estadounidense, fue destinado a la Antártida, donde los mapas están repletos de nombre de famosos exploradores.
Leyó acerca de la carrera que enfrentó a Amundsen y a Scott por la conquista del Polo Sur y su amor por los perros lo llevó a pensar que algunos de los principales héroes de la gesta habían sido injustamente olvidados. Solución : bautizar con sus nombres las coordinadas de vuelo.
Una nueva carta aeornáutica que cubre la ruta de casi 3.800 km entre la estación antártica McMurdo y Christchurch (Nueva Zelanda) recuerda a seis de los perros de Amundsen y a cinco de los ponis de Scott. Cada una de esas coordinadas de vuelo se identifica mediante un código universal de cinco letras. Así, por ejemplo, el poni Jimmy Pigg aparece como “JIPIG”.
Para esas coordenadas suelen utilizarse los nombres de personajes conocidos de la historia local así que nos alegramos de que, de forma pionera, instituciones científicas y autoridades de la aviación estuvieran de acuerdo en asignarlos esta vez a los imprescindibles acompañantes de tan duro viaje.






















